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Un texto publicado en la revista Poptografía en febrero del año 1981
En realidad no me interesa el hecho fotográfico en sí mismo. Si no fuera porque a través del medio fotográfico se puede alcanzar otra dimensión, la que subyace tras la llamada realidad, no haría fotografía. De hecho tengo la sensación de no hacer fotografía, sino de buscar otra dimensión a través de este medio.
Esa dimensión, para mí, es la del misterio; la de lo inquietante. Hay una frase de Jacques Lacan que me interesa en sí misma, sea o no aplicativa a este contexto: mas allá del principio de la realidad.
Por otra parte ¿ qué es la realidad sino una máscara?. Recuerdo que Ortega y Gasset hablando del temperamento hiperpoético, decía que este arrancaba al mundo su antifaz de realidad, descubriendo su eterna faz deseable. Es verdad; todo lo deseable está más allá de la realidad, descubriendo su eterna faz. La realidad sensible si creyéramos al Avesta, la antigua religión de Zoroastro, es obra de Ahriman, el principio del mal.
Yo creo en el mal metafísico, que tradicionalmente se encubre en esa dimensión filosófica que podríamos llamar la misteriosidad. Creo que esa misteriosidad es captada en ciertas condiciones y en forma objetiva por el ingenio fotográfico. Y creo que cuando se dan estas condiciones el fotógrafo-filósofo-artista, actúa como un medium. Es manipulado por fuerzas oscuras, cuyo dinamismo obra probablemente en sí mismo en interacción con la circunstancia, y deja plasmado en forma objetiva y estable, algo que no acaba de entender, pero que es suceptible, a su vez, de movilizar los mismos mecanismos en otras personas receptoras.
Sé, que cuando las cosas funcionan bien, el fotógrafo pincha en lo irracional y manda un dardo al irracional de los demás. Y en estos casos la inteligencia cuenta poco; es más: es soslayada; sorteada.
Y es que si lo pensamos bien la función de la inteligencia es la de poner luz, claridad y orden parcial, en el mundo misterioso en el que nos movemos. Es como si encendiéramos una bombilla en una habitación oscura. Pero el fotógrafo sabe que la luz se degrada rápida y geométricamente. Y los dardos fotográficos consisten precisamente en pescar en esa oscuridad y traer al área luminosa parcelas del misterio.
Por eso es importante el hecho de la fascinación, no el de la comprensión. Quien no se deja fascinar no puede entrar en el mundo de la imagen. Qué es lo fascinante, y porqué, no tiene traducción al mundo de los conceptos y del lenguaje verbalizado. Por eso dije en una ocasión y lo reitero, que intentar explicar con palabras (conceptos) lo que late dentro de una imagen, es un intento vano, pues es pretender lo imposible: trasladar lo intuitivo y visceral a un mundo conceptual, que en el mejor de los casos, no puede ser sino un mundo paralelo.
No me interesa pues el hecho fotográfico en sí mismo, ni siquiera en sus valores plásticos y expresivos nada desdeñables. Me interesa la poética del misterio, la posibilidad de trascender la realidad, y alcanzar una visión, una cosmovisión, personal. A través del medio fotográfico la persona-fotógrafo tiene la posibilidad de rehacer un universo personal, es decir se expresa, en última instancia, filosóficamente.
Probablemente por eso, la fotografía, siendo tan fácil, es tan inabordable.
Tauromaquia de títeres
Se trata de una carpeta compuesta de 20 láminas independientes, a todo color, y una más de texto, en las que se reproducen, con algunas variantes en cuanto a fondos, las imágenes del capítulo que el libro Teatro de títeres de Cádiz. El Nacimiento de la tía Norica dedica al Tío Melones , o, La corrida de toros. Hasta el momento actual, únicamente se han impresos veinticinco ejemplares de esta carpeta. .
una cubierta de libro ( ver obras-cubiertaslibrosyrevistas )
Un caso insólito: el niño bombilla
Prometeo encadenado
S U M I D E R O S El ojo del sumidero
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