Historia del libro:  Habla su autor

 

 

Poco después de que el Ministerio de Cultura adquiriera en 1978 el legado histórico que hoy compone la sala de etnología de la tía Norica en el Museo de Cádiz, es decir los títeres antiguos, fondos, textos etc. conocí, a través de unas fotografías documentales en blanco y negro, su existencia, y ya en ese momento concebí una proyecto de imagen. A la sazón estaba celebrando una exposición de fotografía en Valladolid, trabajaba como realizador en TVE y simultáneamente era Jefe de servicio de programación de la Animación cultural en el Ministerio de Cultura recientemente creado. Así que organicé unas jornadas de animación cultural sobre la tía Norica, junto a Carlos Aladro, en Cádiz, que se celebraron  en el mismo año 1978 o quizás en 1979. Y  así fui el primero en abrir, venciendo resistencias burocráticas, los baúles depositados en los bajos del Museo. Y allí por vez primera aparecieron los míticos personajes: la tía Norica, Batillo, la Malicia, el Arcángel San Miguel, La Canina, el Médico, el Tío Isacio, los toreros etc. Fue emocionante. Y el proyecto siguió madurando; confusamente todavía.

 

 

 

 

1981: un año clave

 

 

Vuelvo a Cádiz con ánimo de hacer imagen en el carnaval de 1981; justo después del fallido 23 f. Y allí tropiezo con un coro insólito: el Coro de la Gran Locura que dirigía Pepe Bablé. Era fascinante, teatral y diferente. Hago imágenes (que más adelante se convirtieron en la carpeta serigráfica El Carnaval de Cádiz, un trabajo muy fuerte desconocido en Cádiz y que ha estado expuesto en algunas exposiciones) y entablo contacto con Pepe Bablé. El principio de una amistad y colaboración que se mantienen desde entonces. Enseguida concibo la idea de realizar un cortometraje relacionando los títeres con el carnaval. Y ese mismo año voy a Cádiz y filmo, junto con mi colaborador Ribes, en el Museo de Cádiz (volvemos a sacar los muñecos de sus baúles) y en interiores  y exteriores de Cádiz con los miembros del Coro de la Gran locura. Incluso rodamos planos en lugares míticos, por ejemplo, Vea Murguía 24 en donde vivió otro personaje histórico, Chaves, el suegro de Martínez Couto. Una bella copia de este trabajo en soporte cinematográfico en 35 mm. se encuentra depositado en la Filmoteca Nacional. Para este rodaje contamos con todo el desinteresado apoyó de los Bablé. Y así en él movió los hilos del Batillo antiguo, Eduardo Bablé Cabello (padre de Pepe y Eduardo Bable Neira); y se incorporó a la banda de sonido la voz de Ana Cabello (la abuela de Pepe Bablé), que se sabía de memoria los textos de los sainetes. Todo muy encantador e irrecuperable.

 

 

 

 

1983; otro hito.

 

 

Todo aquello había estado  muy bien pero yo no me sentía satisfecho. Sentía que había que hacer algo más estable, profundo y complejo. Convocada unas ayudas para investigación de artes plásticas por la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, concurrí a ellas con mi proyecto de libro sobre los títeres de Cádiz y me concedieron una.

 

 

 

 

1984.

 

 

Tras diversas y complejas vicisitudes vuelvo a Cádiz y durante quince o veinte días prácticamente vivo en el Museo y hago todas las tomas de imagen en condiciones técnicas óptimas, acabando justo a tiempo para que se inaugurara la sala de etnología del Museo, por el Sr.Solana, a la sazón Ministro de Cultura del Gobierno Central. Es justo en aquellos momentos que se inicia por la familia Bablé la recuperación  de la antigua tradición en unos locales que tenían cedidos en el Gran Teatro Falla, en donde yo los visitaba por la tarde cuando se cerraba el Museo.

 

 

 

 

Una anécdota.

 

 

Una mañana me la pasé trabajando intensamente en el Museo con los títeres–toreros del Tío Melones o La corrida de toros. Lo hice muy concentradamente, y justo cuando a mediodía salí a la calle, estaban voceando los vendedores de periódicos: ha muerto Paquirri. Fue una sensación extraña que ha perdurado en mi memoria.

 

 

 

 

Trabajos complementarios.

 

 

Me pareció entonces que el libro necesitaba un trabajo documental y teórico que sirviera de soporte intelectual a tanta imagen. Y decidí emprender esta investigación yo mismo. Un  largo trabajo realizado tanto en Cádiz, en largas conversaciones con personas (entre ellas Juan Porto a quien ya conocía desde el 79, y Joaquín Rivas, el último empresario histórico, que fue quien vendió los títeres y todos los enseres al Ministerio de Cultura), y también en centros de documentación, particularmente en la Biblioteca Nacional de Madrid.

 

 

 

 

1989.Empieza la travesía por el desierto.

 

 

Todo está preparado. El proyecto entró con gran éxito en el INAEM que en aquel momento dirigía Adolfo Marsillac, quien lo apoya incondicionalmente, pero quiere contar con terceras ayudas institucionales, y entonces empieza una larga travesía por el desierto; un deambular por diversas instituciones, fundaciones, Cajas, editoriales etc. con muchísimos elogios, palabras y dilaciones que abocan sencillamente al agotamiento.

 

 

 

 

2003. Otro hito definitivo.

 

 

Finalmente en 2003 opto por la digitalización y remaquetación del proyecto (a través de las nuevas tecnologías con las que había adquirido familiaridad desde 1989, momento en el que empiezo mi colaboración con la Asociación nacional de autores de teatro diseñando y elaborando las cubiertas de su colección Damos la palabra) y concurro a una subvención de la Dirección General de Promoción y Difusión cultural del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que atiende nuevamente el proyecto y posibilita su producción en las particulares condiciones que expongo al tratar de las diversas ediciones por impresión digital.

 

 

 

 

2004. Otro más.

 

 

 Se inicia la andadura del libro por el mundo. Se va incorporando a numerosas bibliotecas e instituciones públicas especializadas. Las empresas Xerox y Creo deciden realizar una tercera edición para la promoción de sus tecnologías de última generación en Europa.

Ha empezado, de nuevo, una gran aventura de alcance desconocido.

 

 

 

 

 

 

       

 

 

 

       

 

 
 

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